lunes, 8 de septiembre de 2025

Arlequines comienza su temporada 2025-26 con una derrota por la mínima

 

Todos en unión, locales y visitantes. Un deporte de amistad y de valores. El nuestro. Viva el rugby.


Llegó septiembre y vuelve el rugby a los campos de nuestra Españita, y allí estaban los chicos y las chicas de Arlequines y Gigantes de La Mancha como siempre en alegre y fraternal compañía, para recibir a sus amigos y amigas de Córdoba Mezquita y abrir temporada en el siempre coqueto y molón estadio de Miguelturra. 


Se jugaba Arlequines con Mezquita su V Trofeo Memorial Eugenio Alabarces, prólogo amistoso de una temporada 2025-26 de Liga Amateur de Rugby en que los mesetarios quieren superar el gran resultado de la temporada anterior y pasar del tercer puesto al primero del cajón. Soñar es gratis y ademas tarifa plana, ¿por qué no?, porque miren: bajo el magisterio disciplinado de Carlos Benezet y la capitanía jugona de Víctor Blanco, esta banda quilombera comienza a ser un XV capaz de dar batalla en los 80 minutos de trasiego del oval y no solo en el tercer tiempo. 


Y eso se notó el sábado en MT, viendo como el equipo se recuperó de un inicio vendimiatorio (un poco a por uvas), superado por la alegría con que Córdoba jugaba al caos y al kick and run y plantaba melones en el in goal ciudadrealeño para desesperación del entrenador onubense de los manchegos que, estoy seguro, juraba en arameo viendo quebrarse la defensa mesetaria ante el arte rumboso andaluz del dribbling, el up and under, el handoff  y el tonto el último que desplegaba la tres cuartos cordobesa aprovechando el divino tesoro de una juventud que es dada a esto; al caos, al corre que te pillo y al patadón y tentetieso. 


La melé también tuvo casi todo el partido color andaluz y diríase que el partido fue una manifestación del espíritu de ambas regiones: la gracia y el salero contra el coraje y la disciplina. El capitán manchego había propuesto un juego estructurado basado en el martilleo de fases para alternar a la línea tratando de explotar los huecos que esperaban los Arlequines crear disparando andanadas de gordos en tripleta, pero falló la conservación del melón, aspecto que supo explotar un fantástico nueve cordobés de exótica procedencia francoafricana: Marc, el chaval de la casqueta roja, Erasmus de la Isla de la Reunión que juega como el mismísimo Dupont echándose el equipo a la espalda y convirtiendo en fatalidad cualquier error mesetario, armándola solo o en comandita, hasta que una contusión en la cabeza junto a la touche en defensa, mas o menos a cinco metros del in goal propio le obligó a descansar a petición del señor árbitro que muy sabiamente le invitó a dejar el juego al menos durante el tiempo necesario para evitar males mayores, y eso que el bueno de Marc quería seguir jugando aún no debiendo.


No debió retornar tan pronto al partido el bravo francés quien, visiblemente afectado por la bicha del rugby, que es un golpe en la cabeza, comenzó a tomar decisiones inapropiadas con el balón que Arlequines supo explotar comenzando su remontada y llegando al primer descanso (se jugaron 3 tiempos de 25') con el marcador igualado.


 Los manchegos se iban encontrando por fin a sí mismos. Córdoba se iba desfondando de tanta carrera loca y aparecían la picardía de Víctor, la contundencia de Checar y el dribbling de Álvaro Junior. Se cabreaba con razón el capitán cordobés, que arengaba a los suyos recordando a su XV el ABC del avance efectivo: 'Si nos vamos como los de Pancho Villa y no hay pase ni techao no hacemos na y corremos pa na'. Cuánta razón.


Comenzó el segundo tercio con la misma cadencia del primero: la melé y los balones aéreos para los sureños y el avance estructurado y los balones en corto para los esteparios. Aquí pudo observarse que hay que pulir un aspecto en el juego de los mesetarians: evitar la pesca. Con frecuencia en el avance arlequín, la pelota no se guardaba con la debida prudencia y se perdía en la abierta. 


En una de esas, un delantero cordobés capturó un jugoso melón olvidado en la refriega y se marcó un plongeon de la vieja escuela francesa para encontrar al chico del casco rojo, ya recuperado del castañazo y en posesión plena de sus ideas rugbísticas, que son muchas y buenas, y esta vez sí tuvo apoyo, y pase, y 'techao', y llevando consigo la línea andaluza logró un ensayo de campanillas que volvió a poner delante a Mezquita. Se las prometían felices los andaluces que no sabían que aquel ensayo había sido el canto del cisne. Los Arlequines dieron a partir de entonces lo mejor de sí, y se sucedieron los posados en el in goal cordobés, logrando los locales una amplia ventaja. 


Y como esto es un deporte de caballeros y de señoras, para reforzar a Córdoba, con uno menos por falta de expedicionarios, Arlequines prestó a Mezquita a uno de sus primeros espadas de los tres cuartos: el Mago Teo, que con sus caracoleos y su buen hacer en el fijar y pasar dinamizó la tres cuartos cordobesa en los últimos 25', que fueron una fase muy bonita donde cualquiera pudo llevarse el trofeo de Miguelturra. 


Solo podía ganar un equipo y ese fue Córdoba, pero a la finalización, todos felices porque se habían desfondado dando buen rugby, porque los que aprenden habían avanzado en su juego y los que ya saben sabían un poco más. Rugby de verdad, señoras y señores. Bendito rugby.


El Tercer tiempo no lo vamos a comentar mucho porque lo que pasa en Miguelturra se queda en Miguelturra. Muchas gracias a Mezquita por su entrega en el campo y su amistad fuera de él. Gracias a Beto y al Capi de Mezquita por enseñarme a empujar en tercera. Pronta recuperación a los lesionados y contusos y larga vida al melón manchego.


PD: Al más puro estilo Renfe, he de pedir disculpas por los errores cometidos y por los que cometeré. Pido disculpas a las chicas porque no sé cómo quedaron. En mi descargo tengo que decir que estaba concentrado en calentar y escuchar las instrucciones de no uno, sino dos capitanes, además de hacer un curso acelerado de flanker, que yo de melé sabía lo mismo que de dar misa. Pido también disculpas porque no sé el resultado. Ni yo ni casi nadie. La próxima vez, que se convoque un ilustre notario. Este pobre cronista gonzo, bastante tuvo con salir vivo de la golpisa.


Feliz temporada 2026, Mezquita y Mesetarians. Mucho rugby para todos y todas. Gracias al enemigo siempre por el consejo que presta. Que viva el melón bien colgao y bien techao ;)



jueves, 12 de junio de 2025

Camí de Sitges amb els Sluts: vol. III. On the road.


Pròleg: De soldats, mercenaris i sluts.

-- El Capi i el Capo


‘Ningú a la companyia sabia

qui era aquell legionari

tan lleial i temerari

que a la legió s’allistà’

Com bé sabrà el nostre distingit públic, aquests són els primers versos de El novio de la muerte, la cançó amb què la Legió Espanyola acostuma a acompanyar les seves marxes. Originalment era un cuplet. El cuplet és una forma de cançó lleugera, molt sentimental i lliure, que sovint contenia lletres molt agosarades, i les cupletistes, a més d’aixecar passions, eren considerades dones de moral distreta.


I per això de ser originalment un cuplet, El novio de la muerte és única entre les marxes militars del món.


A El novio de la muerte no es parla en cap moment d’aquella xerrameca patriòtica de destruir l’enemic bàrbar que amb males arts pretén arrasar els nostres plans de civilització. A El novio de la muerte, l’enemic gairebé ni es menciona.


És profundament ibèrica en la seva mística i temàtica perquè parla en tot moment de temes individuals i personals. La motivació per a la lluita no és abstracta, sinó personal.
La cançó parla de com de gossa pot ser la vida. L’enemic no és bo ni dolent, només fa la seva feina, però és la sort esquiva i ingrata la que mossega amb urpa de fera.


El soldat és retratat individualment, recordant en tot moment que no és només un peó, sinó algú clarament diferenciat dels altres, amb les seves penes i alegries, la seva història personal i el seu propi sentit de l’honor.


Fins i tot el sacrifici de donar la vida per rescatar l’ensenya es presenta com un acte personal: un acte de lleialtat envers els companys concrets d’infortuni.


Els espanyols i portuguesos som molt així: entenem el servei als altres com un acte d’amor a la comunitat concreta: a la nostra família, al nostre barri, a la nostra confraria, al club excursionista, a l’associació de veïns... Els ideals abstractes ens fan una mica de gràcia.


Dins de cada espanyol hi ha un capità Alatriste i un cavaller legionari. Descregut de tot, però amic dels seus amics, protector dels seus nebots i venjador de la seva germana.

I enmig d’aquestes ensopegades i ensimismaments, torno a la realitat, recupero l’ànim i recordo que sóc al vestidor dels Sluts, derrotat, masegat, adolorit, confós i ensenyant la cigala a tothom, i comprovo que mentre jo pensava en les mules argentines que ens van patejar la infància (*), alguns companys es queixen de la meva música metalera i exigeixen flamenqueig i sevillanes.


Davant meu, un davanter fornit com un armari rober em diu que, si fos per ell, posaria Marea, però que per contentar la penya, que busqui sevillanes, i jo amenaço amb posar les sevillanes billy dels Mártires del Compás i li canto l’estribillo: ‘¡Que yo no voy al Rocío que no!’.


I el davanter davant del meu banc, extremeny, sever i mordaç, em diu: ‘Amb el bé que t’ho passaries tu al Rocío si no fossis així, criatura’. I potser té raó.
El flamenc de veritat, el cante jondo, m’encanta. Però el pachangueo el detesto.

Pensant-ho bé, amb l’aigua de Doñana fins als genolls, la pudor de merda de cavall i la flaire de vi, qui carai notarà la diferència entre Morente i Rancapino, o entre Kiko Veneno i José Manuel Soto? Remilgós i llepafils, això és el que sóc. La culpa és meva i no de tota la Romeria. Tants milions de mosques no poden estar equivocades. Potser està bona, la merda.

Amb aquestes cabòries passo a la dutxa fent la pata coja i em rento, i en obrir els ullets irritats per l’aigua de l’infern amb què ens dutxem els jevis, veig al meu flanc dret un avantbraç de la mida d’un llom ibèric i, en ell, tatuat un escut de la legió en negre; negre intens.


Li assenyalo el tatuatge i li dic: ‘Escolta, que sàpigues que encara que jo sóc dels que no van al Rocío, et respecto, eh?’. ‘Ja ho sé, tres quarts. Tres al quart. Tros de filferro’.

I amb l’escalfor de la dutxa ens desinfectem amb sabó les crostes dels genolls i colzes, les castanyes a l’espatlla i els nomeolvides que queden marcats com morats als costats, al ventre i als bíceps, i ens posem a cantar l’himne d’Extremadura i el relat de la Creació segons Roberto Iniesta.

El que acaben de llegir, senyores i senyors, passa a qualsevol camp de rugbi del món, a totes hores i dies.


Gent de diferents peripècies vitals es coneixen i es troben, i amb prou feines s’han vist, però han patit junts, han caigut junts, s’han embenat les ferides, han compartit l’aigua, el pa, el vi, la cervesa i les barretes energètiques amb què Homer Simpson va conquerir l’Himàlaia.

L’amistat neix a la calor de la lluita compartida. La lluita per superar-nos, per posar la nostra força i feblesa al servei del col·lectiu. Per intentar convertir les nostres manies i neures en avantatges comparatives al servei de la comunitat.


El gras impacta, el prim corre i el boig de la muntanya busca formes inesperades de travessar la cortina i passar-la a un sec que no sap ni parlar però té l’espatlla d’adamantium i enderroca qualsevol torre fins arribar a la zona d’assaig i plantar-la.


Aquest esport, mes amis et mes amies, no té estrelles (encara que el màrqueting intenti vendre’n), té poc públic i no ven. Però és un esport de gent comuna que es vesteix i calça i que un diumenge es transforma en Patton, Montgomery i el sergent de La Chaqueta Metálica:


‘El Recluta Bufón no creu en la Verge Maria, però té collons, i amb això n’hi ha prou. Tant me fa que sigueu musulmans, negres, jueus o gitanos. Aquí tots sou igual d’insignificants’.

Solidaritat, integritat, disciplina, respecte i passió. Repeteixi i practiqui aquestes cinc màximes al llarg de la seva vida i serà vostè un cavaller rugbista o una dama de la davantera i dels tres quarts encara que mai hagi vist una pilota Gilbert.


El recluta bufó és íntegre i per això es menja l’hòstia. En el rugbi no hi ha major honor que el sacrifici, vull dir, menjar-se l’hòstia.


Fixar dos defenses i fer un offload mentre caus a terra. Molt feliços, molt ufanosos, molt valents els dos contra un. Però han creat un forat i malgrat la doble embranzida, el teu company recull la pilota i surt esvalotat cap a la línia d’assaig. El zaguero està desprevingut. És victòria d’un caigut.
No es felicita el tryman, o trywoman, per l’assaig. És el tryman qui dona les gràcies a l’equip. Equip. L’equip és un recordatori que som una espècie social i que hem aconseguit sobreviure i viure decentment gràcies a la intel·ligència col·lectiva i a la cooperació.

I que no passi ni el Tato, però si el Tato et dribla i el seu equip assaja, o si t’equivoques i plaques alt al Tato i l’àrbitre xiula, respecte: no pensis en la teva frustració i mal humor, pensa en què vas fer malament, per a la propera.


Sense protestar, vas a la línia, a formar davant del teu igual. El nomenes: el del casc verd, meu. I si el coneixes, un somriure no fa mal. El rival no és enemic. El rival és el teu mestre: t’ensenya per on falles, et poleix, et perfecciona, et manté viu i alerta.


L’enemic sempre té un regal per a tu: el consell, l’ensenyament.

Per als no iniciats: tradicions del rugbi i equips d’invitació.


Ja hem parlat dels cinc valors del rugbi. O millor dit: les cinc virtuts. Les cinc propietats ètiques que un rugbista ha d’esforçar-se en adquirir. Hi ha un sisè valor: comunitat. L’orgull de representar la teva ciutat, el teu país, el teu barri, la teva fàbrica, el teu regiment, el teu sindicat, en definitiva: un col·lectiu.


Només cal mirar els noms dels equips espanyols: Ciències de Sevilla va néixer a la facultat homònima. Igualment Arquitectura de Madrid o Aparelladors Burgos. Liceo Francés és un institut, el preferit de la comunitat francesa a Madrid. Cisneros és un col·legi major. El Salvador també és un col·legi. Vallecas representa un barri. Santboiana, una ciutat, igual que Alcobendas o Albacete. Gegants, una comarca. I així, hi ha equips de bombers, policies, metges, argentins emigrats a Madrid o gais de Buenos Aires, per posar un exemple.

El següent esglaó són els equips de selecció: comarques de Somerset, selecció d’Euskadi, Sud-amèrica XV, per posar alguns exemples. Els seus jugadors desenvolupen el seu joc en un club i formen aquests equips per a partits i tornejos concrets.

Finalment tenim els equips d’invitació. A algú se li acut que és bona idea reunir molt bons rugbistes i es crea un supergrup, com si Eric Clapton, Slash, Robert Plant i Tal Winkelfeld es reunissin per fer uns bolos i en sortís un equip d’honor. Els Barbarians són els més cèlebres. És un honor rebre invitació per jugar amb Barbarians.

Els meus amics els Sluts són un grup d’invitació, i és una de les alegries de la meva vida que Paco Naranjo tingués la deferència d’obrir-me la porta d’aquesta honorable mansió. No pas pels meus mèrits esportius, doncs jo no he passat encara d’aleta de pollastre fregida del KFC ni de segon centre amb estranya tendència a impactar amb aquest meló que tinc per cap, no. Deu ser pels meus judiones a foc lent. Aquests sí que són dignes de ser servits a la Copa Webb Ellis.

Una vegada Slut, sempre Slut. Som veterans de rugbi que animem aquest esport allà on es crea un esdeveniment perquè nosaltres, les velles glòries, puguem seguir jugant aquest joc de gent seriosa i honorable que gaudeix deixant-se atropellar per altres cabrons simpàtics que criden, trepitgen, agafen, graten i reparteixen llenya.

Som mercenaris, no tenim altra bandera que l’honra personal: tenir l’orgull humil de jugar pel nostre esport i pels nostres amics i amigues i, com deia Loquillo:

Som durs de veritat.
Defensem la nostra integritat.
Podríem convertir els teus somnis en realitat.
Ens critiquen de cara.
Ens subhasten per darrere.
És l’enveja d’aquest món.
Que ens vol aniquilar.

Mai subestimis un vell jugador de rugbi, perquè és un paio o una paia amb molta resistència i moltes cicatrius, que aprèn dels cops i s’aixeca del terra per embestir amb fúria i veure com li passen per sobre altres 29 bèsties. Vés amb compte però confia-hi, que al fons són uns sentimentals que ploren amb Flower of Scotland, As Armas o les coples de Carlos Cano.

Sluts Rugby Spain celebra aquest dissabte 14 de juny a Sitges el seu esdeveniment de final de temporada, el Woodstock i el Glastonbury del rugbi veterà.

Aquest humil mitjà especialitzat en rugbi de base els convida a compartir el que un esdeveniment amateur pot oferir: no les grans estrelles ni l’excel·lència en les arts del ruck, maul, melé, placatge, touch, passada, cursa i xut, sinó la part més autèntica d’aquest esport: la cavallerositat, l’alegria i la camaraderia.

Senyores i senyors: els quinze estan disposats, els capitans han arengat la seva gent i el mig d’obertura ja està calculant el rebot cogombrer de l’oval per al botepronto d’inici.


Gaudiu del rugbi i gaudiu del viatge amb aquesta legió mercenària d’alegres madurets amb pantalons curts. I com deia l’Orquesta Mondragón, viatgeu amb nosaltres si voleu gaudir.

(*) Pedàs de poeta Juan Gelman. Llegiu, amics i amigues, llegiu.



Camino de Sitges con los Sluts: vol. III. On the road.

 Prólogo: De soldados, mercenarios y sluts.

-- El Capi y el Capo


‘Nadie en el tercio sabía

quién era aquel legionario 

tan leal y temerario

que en la legión se alistó’



Como bien sabrá nuestra distinguida audiencia, estos son los primeros versos de ‘El novio de la muerte’, la canción con que la Legión Española acostumbra a acompañar sus marchas. Originalmente era un cuplé. El cuplé es una forma de canción ligera muy sentimental y libre, que con frecuencia solía contener letras muy atrevidas, y las cupletistas, además de levantar pasiones, eran consideradas mujeres de moral distraída. 


Y por aquello de ser originalmente un cuplé, el Novio de La Muerte es único entre las marchas militares del mundo. 


En El Novio de La Muerte no se habla en ningún momento de toda esa monserga patriótica de aniquilar al enemigo bárbaro que con malas artes pretende arrasar nuestros planes de civilización. En el Novio de la muerte, al enemigo apenas se le nombra. 


El Novio de La Muerte es profundamente ibérico en cuanto a su mística y temática porque habla en todo momento de temas individuales y personales. La motivación para la lucha no es abstracta, sino personal. 


La canción habla de lo perra que es la vida. El enemigo no es bueno ni malo, solo hace su trabajo, pero es la suerte esquiva e ingrata la que muerde con zarpa de fiera.


El soldado es retratado individualmente, recordando en todo momento que no es solo un peón, sino alguien claramente distinguible de los demás, con sus penas y alegrías, su historia personal y su propio sentido del honor. 


Incluso el sacrificio de dar la vida por rescatar la enseña del se presenta como algo personal: un acto de lealtad a los compañeros concretos de infortunio. 


Los españoles y portugueses somos muy de esta manera: entendemos el servicio a los demás como acto de amor a la comunidad concreta: a nuestra familia, a nuestro barrio, a nuestra cofradía, al club excursionista, a la Asociación de Vecinos… Los ideales abstractos nos dan algo de risa.


En cada español hay un Capitán Alatriste y un caballero legionario. Descreído de todo, pero amigo de sus amigos, protector de sus sobrinos y vengador de su hermana.

Y en medio de estas ensoñaciones y ensimismamientos vuelvo a la realidad, recupero mi presencia de ánimo y recuerdo que estoy en el vestuario de Sluts, derrotado, magullado, dolorido, confundido y enseñando el pito a toda la concurrencia, y compruebo que mientras yo pensaba en las mulas argentinas que nos patearon la infancia(*), parte de mis compañeros se quejan de mi música metalera y exigen flamenqueo y sevillanas.


Enfrente de mí, un delantero fornido como un armario ropero, me dice que si por él fuera, que ponga a Marea, pero que para contentar a la peña, que busque sevillanas, y yo amenazo con poner las sevillanas billy de Mártires del Compás y le canto el estribillo: ‘Que yo no voy al Rocío que no. Que yo no voy al Rocío!’ 


Y el delantero de enfrente de mi banca, extremeño, severo y mordaz me dice: ‘Con lo bien que te lo pasarías tú en el Rocío si no fueras así, criatura’. Y a lo mejor tiene razón. 



El flamenco de verdad, el cante jondo me encanta. Pero el pachangueo lo odio. 


Pensándolo bien, con el agua de Doñana hasta la rodilla, el olor a mierda de caballo y la peste a vino, ¿quién diantres va a notar la diferencia entre Morente y Rancapino, o entre Kiko Veneno y José Manuel Soto? Melindroso y pejiguero, es lo que soy. La culpa la tengo yo y no la Romería entera. Tantos millones de moscas no pueden estar equivocadas. Va a resultar que está rica la mierda.


En estas cosas pensaba mientras pasaba a la ducha a la pata coja y me enjabonaba, y al abrir los ojillos irritados del hell con que nos duchamos los jevis, veo a mi flanco derecho un antebrazo del tamaño de un cabecero de lomo ibérico y en él tatuado un escudo de la legión en negro; negro retintao. 


Le señalo el tatuaje y le digo: ‘Oye: que sepas que aunque yo soy de los que no van al Rocío te respeto, eh?’. ‘Si ya lo sé, tres cuartos. Tres al cuarto. Tirillas’. 


Y al calorcito de la dicha de la ducha nos desinfectamos con jabón las costras de las rodillas y de los codos, los hostiazos en el hombro y los nomeolvides que se quedan grabados como cardenales en el costado, en la panza y en los bíceps, y nos ponemos a cantar el himno de Extremadura y relato de la Creación según Roberto Iniesta.


Lo que acaban de leer, señoras y señores, sucede en cualquier campo de rugby en cualquier parte del mundo a todas fechas y horas.


Personas de distinta peripecia vital se conocen y se encuentran, y no se han visto apenas, pero han sufrido juntos, han caído juntos, se han vendado las heridas, han compartido el agua, el pan, el vino, la cerveza y las barritas energéticas con que Homer Simpson conquistó el Himalaya.


La anistad nace al calor de la lucha compartida. La lucha por superarnos, por poner nuestra fuerza y nuestra debilidad al servicio del colectivo. Por intentar convertir nuestras taras y chaladuras en ventajas comparativas al servicio de la comunidad. 


El gordo percute, el flaco corre y el loco de la colina busca formas inesperadas de traspasar la cortina y pasarla a un sieso que no sabe ni hablar pero tiene el hombro de adamantium y derriba cualquier torre hasta llegar al in goal y plantarla.


Este deporte, mes amis et mes amies, no tiene estrellas (aunque la mercadotecnia intente venderlas), tiene poco público y no vende. Pero es deporte de gentes comunes que visten y calzan y que un domingo se transforman en Patton, en Montgomery y en el sargento de La Chaqueta Metálica:


‘El Recluta Bufón no crée en la Virgen María, pero tiene pelotas, y eso basta. Me da igual que seáis mahometanos, negros, judíos o ladinos. Aquí todos sois igual de insignificantes’.


Solidaridad, integridad, disciplina, respeto y pasión. Repita y practique estas cinco máximas a lo largo de una vida y será usted un caballero rugbista o una dama de la delantera y de los tres cuartos aunque nunca haya visto un balón Gilberto.

El recluta bufón es íntegro y por eso se come la hostia. En el rugby no hay mayor honor que el sacrificio, vulgo comerse la hostia.


Fijar a dos defensores y despachar un offload mientras te llevan al suelo. Muy felices, muy ufanos, muy valientes los dos contra uno. Pero han creado un hueco y a pesar de la doble embestida, tu compañero recoge el balón y sale despavorido hacia la línea de ensayo. El zaguero está desprevenido. Es victoria de un caído 


No se felicita al tryman, o trywoman, por el ensayo. Es el tryman quien da las gracias al equipo. Equipo. El equipo es un recordatorio de que somos una especie social y hemos logrado proliferar y vivir una vida decente gracias a la inteligencia colectiva y a la cooperación. 


Y que no pase ni el Tato, pero si el Tato te dribla y su equipo ensaya, o si te equivocas y placas alto al Tato y el árbitro pita, respeto: no pienses en tu frustración y tu mal humor, sino en qué hiciste mal, para la próxima.


Sin protestar, vas a la línea, a formar frente a tu par. Lo nombras: el del casco verde, mío. Y si le conoces, una sonrisa no está de más. El rival no es enemigo. El rival es tu maestro: te enseña por dónde fallas, te pule, te perfecciona, te mantiene vivo y alerta. 


El enemigo siempre tiene un regalo para ti: el consejo, la enseñanza.


Para los no iniciados: tradiciones del rugby y equipos de invitación.

Ya hemos hablado de los 5 valores del rugby. O por mejor decir: las cinco virtudes. Las cinco propiedades éticas que un rugbista debe esforzarse en adquirir. Hay un sexto valor: comunidad. El orgullo de representar a tu ciudad, a tu país, a tu barrio, a tu fabrica, a tu regimiento, a tu sindicato, en definitiva: a un colectivo.


No hay más que echar un ojo a los nombres de los equipos españoles: Ciencias de Sevilla nació en la facultad homónima. Igualmente Arquitectura de Madrid o Aparejadores Burgos. Liceo Francés es un instituto, el preferido de la comunidad francesa en Madrid. Cisneros es un colegio mayor. El Salvador es también un colegio. Vallecas representa a un barrio. Santboiana, a una ciudad, igual que Alcobendas o Albacete. Gigantes, a una comarca. Y así, hay equipos de bomberos, policías, médicos, argentinos emigrados en Madrid o gays de Buenos Aires, por poner un ejemplo.


El siguiente escalón son los equipos de selección: comarca de Somerset, selección de Euskadi, Sudamérica XV, por poner unos ejemplos. Sus jugadores desarrollan su juego en un club y forman estos equipos para partidos y torneos concretos.


Finalmente tenemos los equipos de invitación. A alguien se le ocurre que es buena idea juntar a muy buenos rugbistas y se crea un supergrupo, como si Eric Clapton, Slash, Robert Plant y Tal Winkelfeld se juntaran para unos bolos y sale un equipo de honor. Los Barbarians son los más célebres. Es un honor recibir invitación para jugar en Barbarians.

Mis amigos los Sluts son un grupo de invitación, y es una de las alegrías de mi vida que Paco Naranjo tuviera la deferencia de abrirme la puerta de tan honorable mansión. No por mis méritos deportivos, pues yo no he pasado aún de alita de pollo frito del KFC ni de segundo centro con extraña tendencia a percutir con ese melón que tengo por cabeza, no. Debe ser por mis judiones a fuego lento. Esos sí que son dignos de ser servidos en la Copa Webb Ellis.


Una vez Slut, siempre Slut. Somos veteranos de rugby que animamos este deporte allá donde se crée un evento para que nosotros, las viejas glorias, podamos seguir jugando a este juego de gente seria y honorable que disfruta dejándose arrollar por otros cabrones simpáticos que chillan, pisan, agarran, arañan y reparten rama. 


Somos mercenarios, no tenemos más bandera que la honrilla personal: tener el orgullo humilde de jugar por nuestro deporte y nuestros amigos y amigas y, como decía Loquillo:


Somos duros de verdad.

Defendemos nuestra integridad 

Podríamos convertir tus sueños en realidad.

Nos critican por delante. 

Nos subastan por detrás.

Es la envidia de este mundo.

Que nos quiere aniquilar.


Nunca subestimes a un viejo jugador de rugby, porque es un tío o una tía con mucho aguante y muchas cicatrices, que aprende de los golpes y se levanta del suelo para embestir con furia y ver cómo le pasan por encima otros 29 malos bichos. Gasta cuidado pero fíate, que en el fondo son unos sentimentales que lloran con Flower of Scotland, As Armas o las coplas de Carlos Cano. 


Sluts Rugby Spain celebra este sabado 14 de junio en Sitges su evento de fin de temporada, el Woodstock y el Glastonbury del rugby veterano. 


Este humilde medio de comunicación especializado en rugby de base les invita a compartir lo que un evento amateur puede ofrecer: no las grandes estrellas ni la excelencia en las artes del ruck, el maul, la melé, el placaje, la touch, el pase, la carrera y la patada, sino la parte más auténtica de este deporte: la caballerosidad, la alegría y la camaradería.


Señoras y señores: los quinces están dispuestos, los capitanes han arengado a su gente y el medio de apertura ya está sopesando el bote pepinero del oval para el botepronto de comienzo.


Disfruten del rugby y disfruten del viaje con esta legión mercenaria de alegres maduritos en pantalón corto. Y como decía La Orquesta Mondragón, viaje con nosotros si quiere gozar.


(*) Pedazo de poeta Juan Gelmán. Lean, amig@s, lean.


lunes, 9 de junio de 2025

ARRANCAMOS: Camino de Sitges con los Sluts, vol II: Dramatis Personae


    Los trastos de matar, limpitos y dispuestos.

Distinguidas lectoras, esclarecidos lectores:

Pasamelon.blogspot.com manda a su reportero más dicharachero, enviado especial y único disponible al evento fin de temporada de Sluts en Sitges; la fiesta definitiva del rugby de veteranos; el Wacken de los delanteros y los tres cuartos.

Vamos a narrar el evento al modo gonzo, que es esa clase de periodismo en donde el narrador está en el ajo. Preparen las palomitas y el vermú con sifón para disfrutar de todo lo que rodea a nuestro querido y reverenciado deporte: la camaradería, la amistad, la pitanza, los abrazos, los mamporros y lo demás. 

Vive l'amour

Vive la guerre

Vive le sacre mercenaire.


Nos vemos en estas páginas. Una vez slut, siempre slut.




sábado, 7 de junio de 2025

Camino de Sitges con los Sluts: una semana en el motor de un autobús, vol.1: Getafe nos da un buen baño.

Crónica del partido: Getafe muchos, Sluts casi na.

----- AQUÍ DEBEN IR FOTOS. A VER SI ME LAS PASAN, QUE NO SE PUEDE ESTAR EN MISA Y REPICANDO --------


Los lectores y lectoras de pasamelon ya conocen el tono festivo y jocoso de mis crónicas y en tal clave entienden el encabezamiento: muchos a pocos. 

Perdimos. Vaya con Dios .Nos ganaron. Vaya. Volveremos a intentarlo. Y a lo mejor volvemos a perder. Perderemos mejor. Fracasaremos mejor hasta que aprendamos. Y entonces ganaremos. 

Recuerden aquel poema de Kipling que tanto le gustaba al Sequerón de Valladolid, y que solía recitar con esa dicción característica de quien deja quieto el labio superior y solo habla con la quijada: la victoria y la derrota son ambas impostoras. Verbigratia:

"If you can meet with Triumph and Disaster And treat those two impostors just the same;"

Y, pues, mire usted, si nos ponemos solemnes, solemnemente bobos, como diría el Ínclito, es porque la ética del rugbista exige felicitar al adversario y reconocer sin ambages el mérito del prójimo.

No quejarse ni rezar en arameo. Abrazar al rival que te revolcó por los suelos y felicitarle, por ese ensayo en el cerrado; por ese placaje entre la cincuenta y la diez. That's not soccer, my friends. 

Felicidades a Getafe. Y en especial a su equipo de demolición, encabezado por Hammerin' Harry Marmota, el Taladro de Caracas. 

La bisagra y los centros de Getafe ganaron ayer por lo civil o por lo criminal todos los litigios que se produjeron desde su 22 a  nuestro in goal. Casi todo nos lo colaron superando la cortina por el segmento que hay entre el diez y el trece y transmitiendo el melón a las alas cuando los Sluts intentábamos contener la hemorragia. 

Y en parte la culpa es mía porque yo estaba ahí justo, de segundo centro y lo puedo atestiguar. Balones a Marmota y, ya saben: polvo sudor y hierro

El delantero geta, un hombre apuesto y fornido de piel canela, orgullo del barrio del Polvorín, terror de las nenas y de la tres cuartos rival nos hizo la trece catorce unos cienes y cienes de veces. Solo logré llevarlo una vez al suelo. Pero fue con cariño, eh, Marmota? ;) Sé suave con la venganza, amigo, que las dentaduras ya no están duras pa estas huesuras.

Nos dieron duro y a la encía, sí, Sluts. Se colaron hasta la cocina. Recordemos para la próxima el catecismo del rugby: cortina, línea, contar atacantes y defender cada uno a su par. El 14 con el 14 y así hasta el 1. Matchear. Cachete con cachete, pechito con pechito y ombligo con ombligo. Bailando así se siente de lo lindo, no? Pues qué se yo.

Lo cual no obsta para decir que placamos bien. Metimos el hombro. Nos jugamos los piños. Supimos dar batalla. No tenemos nada que reprocharnos, excepto que actuamos como típicos españolitos: haciendo la guerra por nuestra cuenta, pero hay cosas a rescatar: la capitanía de Santi y su estilo de parar y templar; Fede jugando de nueve. El Sabio de Neuquén que lo hace todo bien. Los esfuerzos de Camilo por ordenar la defensa y poner torniquetes a los dientes de sierra que íbamos creando en persecución de la almendra; Jimmy con su buena colocación y su bravura. Y, perdonad por echarme flores, un servidor que puso placajes y se dio el gusto de ajusticiar a un pobre getafense (que me estará leyendo, perdón) con su lance favorito: la zancadilla francesa.

Ay la francesinha! Cómo la adoro. Te pasa por encima una pértiga de tío y cree que se va, pero no. Cuando se marcha campante lo trincas por el tobillo y zas. Panza abajo como los sapos y a llorar a la lloraera.

Otro casco de romano para la colección de Obélix el Galo. En el rugby, mes amis, hay que ser siempre amable con los romanos.

Por el lado getafense cabe destacar también la garra y el arte de Antúnez, comandando sus huestes como un Napoleón enrrabietado. Allez, allez. 

Y el Tate, arremeneando cebollas y dando cebollazos. Y aquel ala guapito y buen mozo de poquito pelo, cuyo nombre no me ha sido dado, que me dio un requiebro flamenco y me dejó en el suelo provocando que me hiciera daño yo solito por tirón en el gemelo izquierdo, y que como un gentleman del rugby, a la vuelta de su cabalgada se detuvo junto a mí e hizo lo posible por mi pobre pierna mientras yo me daba al cante jondo, por soleares, por seguiriyas y por fandangos.

Soy muy escandaloso, lo sé, lo siento. Soy una maricona mala, lo reconozco (*) . Menos mal que llegó Marmota para sacarme del campo al arrastre, haciéndome sentir como el toro muerto arrastrado por el tiro de mulillas. Y menos mal que junto a la línea de touch estaba Lucía, esa chavalita de las fotos que hizo de ATS y de fisio, y soportó mis alaridos.

No dio tiempo a mucho más. Abrazos, agradecimientos, bautizos de rugby con cerveza, pasillo, aplausos, gracias, gracias. Gracias Getafe por invitarnos. Gracias Sluts por mantener el rock en el mundo libre.

Y como dice Sabina:

"Y después, para qué dar detalles?

Ya sabéis: copas, risas, excesos.

Cómo van a caber tantos besos en una canción?"

No quiero terminar sin citar a más gente que merece un cantar de gesta. A Paco Naranjo, que como es un hombre serio que sabe lo que se dice y lo que se hace, no se le oye una voz más alta que otra, pero ahí está el tío, que es la mano invisible que cuida de cada detalle. Incluído repartirnos por Madrid en su pedazo de coche a los jipis piojosos que no tenemos carro ni na. Al Caba, otro sabio del rugby con quien pasé una noche deliciosa. Yo si fuera mujer le hubiera hecho un trabajito fino. Al Plaza, consejero aúlico en mi ala izquierda. Un senador romano y zamorano. Un señor que aguantó estoicamente la colleja que le acabé dando en un lance ridículo que no pasara a los anales (*). Y a todos los que me dejo en el tintero, y a Estela por atreverse a ser. Queremos más mujeres en el rugby, que demasiada testosterona provoca malestar general y olor a gorrino sin capar. Viva el rugby, señorías. No hay más que añadir, salvo alguna cosita. Fin de la cita.

(*) Un saludo y un respeto a todos los  gays y lesbianas. No me malinterpretéis. Misma gente y misma lucha. Respeto.

(*) Digamos que iba muy bien el Señor Plaza, y buscaba el placaje bajo conteniendo al rival, que mostraba el melón de forma tentadora. Yo iba justo detrás y vi esa almendrica sabrosa y a por ella que fui, pero Plaza no terminó de caer al suelo e interpuso su colleja entre el balón en manos del contrario y mis manos implorantes del oval. Así que en vez del melón de juego, terminé agarrando a Plaza con sota doble. Feo de contar, gracioso de ver y lamentable como lance defensivo. Al suelo los dos y a la lloraera. Así se perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas.


miércoles, 4 de junio de 2025

De los pilotos de antes, del fallo de Arconada y de la liga amateur de rugby. ¡Fuerza Mesetarians!

←Equipos de la LAR. 

Fuente: https://spainrugbyunion.es/

Este artículo va dedicado a esos aficionados y aficionadas, muchas veces deportistas amateur, que dan vida a los recintos deportivos de las ligas menores, que apoyan y esponsorizan a sus vecinos y amigos, que viajan a donde haga falta para apoyar a su sobrino atleta o a su primo piloto. 

Y en especial a Pepe Sánchez Huertas, primo y espónsor de mi padre en las carreras, fan del Gimnástico de Alcázar y de su sucesor, el Sporting, y que ayudó a montar la humilde infraestructura que permitió colocar un bonito Citroën AX negro,decorado nada menos que por el pintor Miguel Calatayud, el más chulo de la parrilla, en las fórmulas de promoción de Citroën para blasonar el orgullo moñigón y cabezón por Calafat, Jarama y Alcañiz. Fuerza, Pepe. Siempre en nuestro equipo. 

Queridas melonas, queridos melones: 

‘Soy español. ¿A qué quieres que te gane?’, decía una frase acuñada hace unos años cuando comenzábamos a tiranizar el deporte mundial. 

Ganábamos a casi todo. A rugby, por desgracia no, y aún no, aunque hay quien dice que España es un gigante dormido.

Me alegro, por supuesto, de la infancia y juventud que han disfrutado los millenials, los Y y los zeta, que han sido testigos de muchos éxitos deportivos, mas no siempre la realidad fue tan halagüeña.

Los que nacimos entre las olimpiadas de Montreal 76 y el Mundial 82, los que fuimos agraciados, es un decir, con una camiseta de Naranjito y con el traje de Arconada (sí, amigos, se decía traje; traje de portero, el Adidas bicolor de finales de los 70; el traje de portero por antonomasia) no hacíamos más que penar. Éramos un poco masoquistas, clementistas, hijos del Doctor Cabeza y sobrinos nietos de Maguregui, barraqueros, agonías, pupas, cagapenas. Casi parecíamos del Atleti.

Dicho sea sin perjuicio de éxitos estratosféricos obtenidos en aquellos años, como la inolvidable medalla de plata del baloncesto en Los Ángeles 84, o el tour de Francia de Perico.

¡Ay Perico! ¡Quién fuera mozo tan galán y simpático como Perico! ¡Quién bajara las cuestas a un tris de romperse la crisma como las bajaba Perico! ¡Quién recibiera el honor, como él mereció, de que un chef segoviano inventara en su honor ese plato testosterónico que son las criadillas de toro en salsa amarilla! ¡Grande de España Perico Delgado!!

Pero ya digo, los que crecimos en los ochenta teníamos que conformarnos con éxitos deportivos mucho más espaciados, y soportábamos bochornos y fracasos sin cuento. 

Verbigratia: el mundial del Naranjito. ¡Qué ridículo! ¡Qué metedura de pata! 

El Mundial 82 solo valió la pena porque después vino a España Mágico González. Lo demás, algún destello de Eder y Sócrates, la Francia de Giresse y Platini y ya. Sticky rice. 

Y no me discutan, señoras y señores. Si de verdad les gusta el fútbol convendrán que una victoria de Italia es siempre un fracaso del deporte. España 82. Arroz pegao.

En España, históricamente, los deportistas se dividían en dos clases: los hijos atléticos de las grandes sagas aristocráticas y empresariales y aquellos locos con sus viejos cacharros.

El himno de España podía llegar a sonar por obra y gracia de algún apuesto hijo o hija de familia de apellidos ya célebres en el siglo de oro y a veces de origen mixto (español inglés, por ejemplo), lo cual solía suceder en hípica o vela, por ejemplo, y por otra parte, por mérito de aquellos que con increíbles peripecias habían logrado escapar del destino anodino que les reservaba un origen humilde. 

Alfonso Cabeza de Vaca, Marqués de Portago, Fon de Portago, el mejor español en Fórmula 1 hasta la llegada de Fernando Alonso, o Miguel de la Quadra Salcedo, lanzador de jabalina antes que figura televisiva, son ejemplos de la primera categoría: la del gentleman sportman (*), mientras que el Águila de Toledo Federico Martín Bahamontes y el 12 + 1 Ángel Nieto son ejemplos de la segunda: superhéroes de barrio. 

El primero hizo piernas subiendo y bajando al relente y al solano las cuestas toledanas cargando cajas de fruta en la bici; el segundo terminaba su jornada de aprendiz de mecánico en Vallecas para subirse a una Ducson 74 cc y recorrer media España para llegar a una carrera, pasando tanto frío que se colocaba tras el escape de los camiones para calentarse un poco. Dos self made men de libro.

Pues eso que os decía: los ochenta fueron representativos de una época del deporte español mucho más parecida a la de Bahamontes, personaje sanguíneo capaz de dejar a todos sus rivales atrás en la montaña solo para hacer una pausa en la cima, ir a un kiosco y no dejar pasar la ocasión de comerse un heladete o a la de Nieto, pícaro, inteligente, chiquito, matón y cabrón simpático (**), que a la época actual de alto rendimiento, vigorexia, big data y muerte de éxito.

Los españoles que llegaban a la cima, lo hacían partiendo de menos uno, con equipamiento y ayudas que podrían calificarse sin ambages de tercermundistas. A la manera en que se titula un premiado libro, mataban dinosaurios con tirachinas.

Lo típico del deporte español por aquel entonces era la heroíca, la machada, el ‘con dos cojones’. Y que me perdonen los adalides de la corrección política por el uso de este lenguaje machirulo. Está justificado porque hablo de una época en que las cosas eran así, y se hacían ‘a puro huevo’, que diría un Pérez Reverte. Examinen las lectoras y lectores la final de Roland Garros que ganó una Arantxa Sánchez Vicario jovencísima contra una consagrada Stefi Graf y no me digan que no tiene cojones la niña. Más que yo. Como de aquí a Lima.

A los ofendiditos y ofendiditas, ahistóricos adanitas, quincemayitas y otros desmemoriados me permito recordarles que en estos tiempos de los que hablo, Marca tenía una columna de opinión que se llamaba ‘La Machada’, As tenía en su contraportada chicas ligeras de ropa, y cuando a Hugo Sánchez le hablaron del fichaje de Juan Esnáider, el mexicano manifestó su intención de conocer ‘al macho’ que fuera capaz de marcar 35 goles por temporada. Así de sementíferos eran los tiempos y en este contexto se sitúan estas hazañas ‘a puro huevo’. En fin: dada esta explicación solo me queda lamentar que uno, que se toma el trabajo de escribir y jugar al rugby, tenga que pedir perdón por escribir a quienes no leen ni escriben ni juegan siquiera al balompedo. Manda huevos, Federico.

Aclarado esto, diremos que además de éxitos increíbles, lo que con frecuencia nos tocaba soportar a los aficionados eran las cagadas épicas. Epic fails, se dice ahora.

Aquellas ocasiones en que partiendo de la nada se alcanzaban las más altas cotas de la miseria, que diría el más famoso de los Marx. La jiñada, la trompada y el ‘ir pa na’ eran el pan nuestro de cada día. 

¿Se acuerdan del gol de Cardeñosa? ¿Se acuerdan del penalty de Eloy? ¿Se acuerdan del llanto de Blanca Fernández Ochoa? ¿Se acuerdan del ‘Trata de arrancarlo, Carlos’? Yo siempre me acuerdo de Alfonso Arús y su personaje del gafe soltando su legendario y descomunal ‘¡Qué mala sueeeeeeeerteee!’.

Y junto a estos casos de gente talentosa que tuvo un mal día, están aquellos de quienes fueron maestros en su disciplina, dando tardes de gloria a la afición, marcando estilo, paseando clase, pero que no vieron premiada su pericia con las mieles de la victoria. Para ilustrar al lector, sirvan dos ejemplos de motociclismo. 

Ahí tenemos al Tiriti. Carlos Cardús, que perdió el mundial de 250 por poco menos que nada contra el pecoso y mocoso de John Kocinski. 

Pobre Tiriti. Y pobre de mi padre Toni, piloto de motos y coches, siempre con el traje manchado de grasa, como era común entre los aficionados al motor en aquellos tiempos, y pobre de su mecánico y manager, Antonio Cabero, el Doctor de la Moto, y pobre del niño que era yo, que aquella madrugada nos habíamos levantado a la hora de las gallinas solo para ver cómo Carlos rompía la moto y todo se iba a hacer leches. 

Menos mal que para compensar la llantina, tiempo después, mi padre me subió en la BMW del primo Pepe y me llevó a la Torrecica a ver las superbikes y a mi ídolo Joan Garriga. Joder Joan. ¡Pobre de Joan! (***)

Boeing 747 Joan Garriga(****) era un poema sobre la moto. Era la épica, el valor y la gallardía, el arte de la tumbada y la frenada, el nervio y el infarto de la afición, la cual rugía cuando contemplaba la forma agónica de correr, a todo o nada, que tenía este catalán volador. 

Garriga, con peor moto, perdió el mundial frente a Sito. El plomo de Sito: frío, calculador y resultadista.

Sito tendrá dos campeonatos de 250, pero nadie recuerda su pilotaje, y, cuando pasó a 500, no hizo nada. Nada de nada porque una dos tiempos salvaje de aquellas, imprevisible, le quedaba diez tallas grande a alguien incapaz de improvisar, con más miedo que vergüenza. 

Joan, en cambio, pasó unos años peleando con las vacas sagradas de la categoría reina y sus éxitos con la moto gorda le dan mil vueltas a los de Sito, cuando celebrar un cuarto en 500 era como poner una pica en Flandes o un manchego en el Annapurna. Descanse en paz, comecocos, juguete roto, inolvidable Joan.

Pero para cagada épica, mundo injusto, destino cruel y país de catetos que ven la paja en ojo ajeno, lo del fallo de Arconada.

Verán: yo era fan de Arconada y no podía soportar que pusieran a Zubizarreta. Arconada era un portero como no habrá. Tan espectacular como certero. Con un tren inferior digno del de un ciclista de élite, con reflejos felinos y una colocación superlativa. Las paraba todas. Todas menos esa.

Arconada solito y solo Arconada llevó a la selección española a esa final de la Eurocopa del 84, donde había equipos talentosísimos como la Alemania de Rumenigge, la Dinamarca de Elkjaer y Olsen o la Francia de Platini, Tigana, Giresse, Fernandez, Amoros… 

Nuestro equipo era una patata mecánica que solo tenía a su favor la flor en el culo de Miguel Muñoz, que solo Arconada regaba. Y qué vida ésta: cagarla y quedar marcado. Nadar y morir en la orilla. Jesús, María y José.

Todo el mundo habla del fallo de Arconada, y casi nadie habla de que había diez más en el campo que no supieron hacer gran cosa. 

¿Acaso Arconada era malo y en cambio Gordillo, Carrasco, Sarabia y Señor unos cracks?

¿Aguantó acaso Goicoechea la mitad de escarnio por hacer el mal de lo que tuvo que aguantar Arconada por no hacerlo todo bien? 

¿Y su sucesor, Zubizarreta? Portero sobrio de estilo inglés decían. Y tanto. 

Como que no recuerdo verle parar un penalty. Ni se tiraba ni se estiraba ni hacía jamás la heroica.

Parafraseando al viejo Di Stefano y recordando su proverbial mala gaita con los porteros, podríamos decir que su único mérito consistía en no meter para dentro las que ya iban fuera. 

En cuanto a las que iban dentro, Zubizarreta era el perfecto portero de futbolín, cuyo arte consiste en dividir el espacio de la portería en unos seis módulos equivalentes a la anchura del muñequito, de modo que, básicamente cualquier disparo tenía 5 posibilidades de ir dentro por una de ser blocado. 

Si a este 1/6 de efectividad potencial añadimos la colocación, el factor de predicción de la trayectoria dependiende de la observación del movimiento de la pelota, podemos aumentar la ratio a un 3/6, siempre que la pelota viniera por vías pacíficas y constitucionales. 

Si el esférico se endiablaba por arte de la rosca, la folha seca, la cola de caballo, la rabona o el dribbling, Zubizarreta levantaba las manoplas hacia la pelota y hacía una especie de caidita lateral, como diciendo ‘que yo sabía a dónde iba, ¿eh?’

Parar, no paraba una, pero las veía venir. Estilo inglés,sí. Los cojones. 

Hasta Julio Iglesias las habría parado mejor, y lo saben, si no fuera porque siempre le pillaba... Ya saben.

Tengo curiosidad por buscar apoyo de datos para demostrar esta teoría que me acabo de inventar mientras pido que me sujeten el cubata, pero ya saben: no tengo pruebas, pero tampoco dudas. Un español con un cubata en la mano tiene razón y punto. 

Lo siento por Zubizarreta. Le ha tocado aguantarme por desterrar de la portería de la Furia Roja a mi ídolo Arconada. Los más jóvenes, que no le han visto jugar, que tiren de Youtube y comparen las formas cancerbéricas de uno y de otro. O que baje San Pedro y lo vea. 

Creo que el Tiriti Cardús acabó más veces revolcado por la hierba que Zubizarreta, porque al Tiriti también le llamaban 'el bayeta', por esa costumbre de irse al suelo y frenar con la oreja. Pobre Cardús, pero basta ya de cháchara cubalúbrica.

Yo, señoras y señores, ya me conocen, yo, tunante, yo, pecador, happy loser, fracasado proyecto de porterito del Gimnástico de Alcázar, yo, que no pude triunfar en el circo, les digo que sigo acudiendo los domingos a esos campos cutres de preferente, donde las gradas no tienen número, donde los líneas soportan cuñadeces y se ve jugar a un sobrino mientras se bebe de la bota de vino de Cinco Casas y se comen pipas hasta la muerte. 

No me encierren en la localidad numerada de un campo de primera, donde no puedes moverte, ni fumar ni hacer el oso sin molestar al vecino. Bastante tengo con el metro en hora punta. Soy un burro del campo. Mátenme a palos pero no me encierren. 

Adoro las gestas humildes, los ascensos a tercera, ver cómo el Cádiz se salva, los goles de Sergio Camello, las gambetas de Onésimo, los tries de Corletto, las zancadillas francesas, los alas pequeñitos que ensayan por el cerrado.

Lloro con una de Rosendo y hasta una vez voté al Partido Andalucista.

Y miren: resulta que más allá de cualquier jurisdicción, en el borde exterior de la galaxia, en un lugar indeterminado entre el centro y el sur, en lugares como Moguer, Zafra, Gines, San Roque, Miguelturra o Alcázar de San Juan se ha celebrado un año más la Liga Amateur de Rugby organizada por Spain Rugby Union. 

Una liga de los pueblos, que diría Bernabéu. ¿Y por qué se celebran estas ligas ácratas?

Está claro que la federación española no está acertando en las adecuadas fórmulas de organización y apoyo al rugby más humilde; al rugby de verdad y de siempre: el del herrero contra el frutero y el carnicero contra el pescadero. El de la aldea de Astérix. Así que estos caballeros y damas del oval, estos quijotes del ideal se autoorganizan, se buscan la infraestructura proporcionada a sus magras necesidades y celebran con alegría la fiesta de jugar al rugby sin permiso. 

Y en esta liga de frontera, viajando en coches compartidos y durmiendo en alojamientos asequibles, cubriendo distancias dignas de la gira veraniega de una orquesta pachanguera, un equipo manchego se ha hecho de bronce. Terceros. Podium. Ahí es na.

Mesetarians es el nombre elegido para presentarse en liga por los equipos hermanados Arlequines de Miguelturra y Gigantes de La Mancha. Ambos equipos reúnen en cada entrenamiento conjunto jugadores de un área de cien kilómetros.

Piénsenlo bien: uno de un pueblito acá y otros tres de otro acullá esos montes. De las comarcas manchegas del Campo de Calatrava y Campos de San Juan y de Santiago. Se juntan en un coche compartido y hacen carretera para entrenar, y al terminar, en vez de cerveza y whisky, otra vez a la carretera. A esquivar hombrecitos verdes.

Manteniendo viva la llama del rugby allí donde no saben si un ensayo es marcar puntos o es un hacer como que se marcan.

Y esto es rugby, amigos. Esto es pasión y solidaridad, disciplina, respeto e integridad. 

Esto es amor al deporte y a la comunidad. Como diría Ramón Trecet: señoras y señores, pongámonos en pie para aplaudir a los jabalíes de la Meseta Sur.

Disfrutemos de las salidas de ocho de Johnny el Jabato, desde Argamasilla de Alba para el mundo; de los placajes ganadores del Orgullo de Campo de Criptana, José Carlos Checar, a decir de algunos árbitros, duros pero legales; de la fuerza guerrera de delanteros bregados de los aledaños de La Capitalilla como Chendo y Javi Rural; de la polivalencia y la inteligencia en el juego de Álvaro Junior, desde Alcázar de San Juan; del tráfico de melones que dirige con mano de hierro un medio de melé implacable como Juande, desde el Corazón de La Mancha; de la jerarquía y clase del Amado Líder, el diez, D10S padre Víctor Blanco; del rugby hecho samba del centro de España, desde el Campo de Calatrava, el grandísimo Teo; de la senatorial gracia y la sabiduría rugbística de un incombustible como Álvaro Furillo Sr. y del vuelo majestuoso de unos alas de Ébano, con toda la elegancia y la clase de unos príncipes de Mauritania, Bakary y Omar, siempre con las espaldas cubiertas por ese chef y zaguero que es el Mochu, la última esperanza de Argamasilla.

Hoy sois de bronce y mañana seréis de oro. Olé muchachos por vuestro esfuerzo. Os lo habéis currado. Viva La Mancha hasta cuando pierde. Orgullo. Orgullo de pueblo. Vivan los Mesetarians.

(*) Y ambos olímpicos en bobsleigh. ¿Quién lo diría? :)

(**) Aquel que trajo al motociclismo una frase taurina que me acompañará siempre en la vida: parar, templar y mandar.

(***) Sí, queridos. La libertad con que crecimos en la España de los ochenta y principios de los noventa era tal que un padre podía subir de paquete a su chaval de 12 años, con su casquito bien anclado y llevarlo a ver un GP de motociclismo. Y la Guardia Civil te daba las buenas tardes y una palmadita en el casco. 

También era muy común ver a padres y madres con sus chicos y chicas en polígonos y descampados enseñándoles a conducir cualquier cosa. Desde Vespinos a tractores.

Mi viejo, que no se andaba con chiquitas, me llevaba al recinto semiabandonado del parque vial de una autoescuela a las afueras de Campo de Criptana y me enseñaba a montar una Montesa Cota de trial diez veces más grande que yo. Una vez en marcha, no podía pararme hasta llegar a donde me esperaba él, y la parada tenía que ser bien efectuada, con la maniobra de desembragado, frenada y paso a punto muerto perfectamente calibrada porque ¡No llegaba al suelo, coño! Reconozco que éramos un poco ceporros e inconscientes, pero miren qué bello es eso de ‘vuela, pajarito, vuela’ o lo clavas o te la pegas. Eso es instruir deleitando, no me digan que no :-)

(****) En casa de los Román Sánchez, éramos garriguistas todos. A Sito lo respetábamos, pero íbamos con Joan a muerte por su bravura. Y el que más, yo, que con mi rostro ojeroso, mi delgadez y mis ricitos era un miniyó de Joan. ¿Que vaya tela eso de tener por ídolo infantil a un usuario de farlopiña? A ver… Uno: ¿yo qué iba a saber? Dos: de eso se habló más tarde, ventajistas. Tres: los ochenta, amigos, años locos. Cuatro: pocos tours de Francia hubieráis celebrado, sabihondos, si no fuera por la drogaína. No os metáis con Garriga.



miércoles, 28 de mayo de 2025

Próximamente: Getafe - Sluts. Una fiesta de viejos rockeros

 

LECTORES: MUY IMPORTANTE.
Por cambios de programación relacionados con los actos de las fiestas de Getafe, el partido anunciado de traslada a día 6, viernes 20 30 de la tarde. Cuando haya cartel nuevo se sustituirá. Perdonen las molestias.

Gente melona y mundial:

Pasamelon.blogspot.com se complace en anunciar un evento de rugby auténtico, amateur, veterano, simpático y buenrollista, con todo el intríngulis y la parafernalia del deporte apepinado. Con su primer tiempo, su segundo y tercero, su pan, su vino y su postre más café, copa y puro. ¡Viva el rugby viejuno!

El sábado 7 de junio en El Bercial de la Capital del Sur (no sé si de Despeñaperros para abajo estarán de acuerdo en esto último : )  al menos 30 hombres y mujeres aparentemente serios se retarán a abrazarse y revolcarse mientras corren en calzones en pos de una almendra mística a la que adoran y miman. 

Como local, Getafe Club de Rugby, trasegando el melón desde la guerra del Yom Kippur, y como visitante Sluts Rugby, que siempre juegan en casa porque son ciudadanos del mundo.

El partido se enmarca dentro de las fiestas de Getafe, y, por su hora de celebración, es una estupenda sugerencia para comenzar la noche del viernes y acercarse al sur de Madrid, porque, amigos, ya lo decía Serrat: el Sur también existe. Hay mucha vida más allá de la M30 y en Getafe hay gente de lo más simpática que os recibirá con los brazos abiertos. 

Y, por supuesto, cómo no, en Getafe hay también gente de rugby. Ya nos conocéis a los pasamelones: no somos los Rolling Stones y no vendemos tantas entradas como Metallica, pero nuestra pasión, alegría y fidelidad a nuestro deporte son legendarias. 

Hay un lugar en el rugby para cada cuerpo y tipo de habilidades, e incluso si tu lugar no está en el campo sino en la grada, también hay un sitio para ti, porque el público del rugby, y los padres, madres y familiares de los jugadores también participan y son considerados parte fundamental de la liturgia del rugby. 

En el rugby se hacen siempre amigos, os lo puedo asegurar. En otros deportes, el público adora a los deportistas, y aquí también, solo que no hay otro deporte donde los jugadores cuiden y mimen tanto a su público. Venid a comprobarlo. 

Lo dicho: ahí os quiero ver.


domingo, 25 de mayo de 2025

V Torneo de Veteranos de Fuencarral a beneficio de ITT Foundation. Qué grande es el rugby.

 

Querida familia del rugby:


Mis compañeros de equipo me han encargado que realice la crónica del V Torneo de Veteranos de Fuencarral a beneficio de ITT Foundation y me encuentro en un serio apuro: no me acuerdo de nada.


Vale que bebí un poco. Después de los partidos, a veces le doy al dulce y luego pasa lo que pasa.


Vale. Sí. Lo admito. Salí del campo cantando La Marsellesa y Els Segadors, abrazado a José e improvisando un catalán mesetario que daba vergüenza oirme.


No voy a escudarme en la masa amorfa. No voy a decir que no fui el único que estaba contento. Reconozco mi culpa: ayer fui feliz.


Muy feliz. Como un niño. Y creo que cualquiera de los participantes, de Badajoz, de Getafe, de Cisneros, de San Isidro o de Fuencarral, compartirá en mayor o menor medida esta felicidad y alegría. Ayer ganamos todos, ganó Fuencarral y ganó el rugby.


Por eso no me acuerdo de alineaciones, partidos ni resultados. Ganó Fuenca, por supuesto, en disputadísima contienda con El Colegio. La Institución. La Academia. Cisneros. Empujando la melé desde 1943. Ahí es nada. 


Más de ochenta años de rugby contemplan a este rival que ayer puso en liza todo el saber estar de un XV que sabía perfectamente a qué jugaba. 


Como en esos grandes encuentros internacionales en que un equipo de menos historial combate con garra, corazón y piernas a otro de más tronío que sabe manejar los tiempos y jugar con disciplina, tirando de casta y galones para hacer que el rival se acabe cociendo en su propia salsa, para lograr una victoria al estilo de los judokas, usando en beneficio propio el ímpetu del rival, Cisneros apretó de lo lindo, pero no pudo con Fuenca, porque ayer, señoras y señores, ayer fuimos mejores estudiantes que los del Colegio. 


Ayer hubo una sinergia de alegría en que de forma inconsciente todo el club se puso de acuerdo en recordar lo aprendido y aplicarlo, para rematar un fin de curso como se debe: con todo aprobado. Dándolo todo. Atendiendo a las palabras de Nico El Capitán: ‘diviértanse, jueguen, jueguen con el corazón. No hay cansancio y no hay dolor, ni miedo de golpearse. Vamos a darlo todo porque para nosotros, cada partido puede ser el último’.


Grande Nico. Gracias, Capitán. Ayer parecías el mismísimo Hugo Porta señalándose el yaguareté del pecho y diciéndole a sus Pumas que con esa camiseta no hay dolor ni cansancio.


Ayer jugamos ese rugby que vive en nuestros sueños. Ese que tiene por banda sonora aquel ‘with a little help from my friends’ de los Beatles entonado con toda la fuerza guerrera de la voz cavernosa de un Joe Cocker. Simplemente corrimos como posesos, defendimos como soldados, atacamos como el séptimo de caballería y placamos y ruckeamos como animales de bellota. Rugby, caballeros, rugby de toda la vida. Sin cuartel. Sin miedo. No mirando a nuestro daño.


Hasta aquí va el resumen de lo que pasó en la final. Mis siguientes palabras son para trabajar en pro de que ese público en general que baraja alguna opción para pasar el domingo se acerque al rugby, y que el próximo año venga al VI Torneo y lo haga más grande aún.


Señoras, señores: este deporte no es solo un deporte. Lo que llamamos rugby o rugby football es una celebración de la vida. El rugby no es solo un desafío físico y técnico para sus practicantes. Es mucho más que eso. Es un código de caballería en el que cada participante se compromete a defender 5 valores: integridad, solidaridad, disciplina respeto y pasión.


 Por eso al rival se le acoge en nuestra casa como invitado de honor y, tras el partido se le invita a compartir la comida del tercer tiempo. Por eso se respeta al árbitro y se espera a que acabe el partido para comentar directa, pero cortésmente con el rival cualquier diferencia de criterio. Por eso se invita al público a comportarse del mismo modo: con respeto, confraternizando. Ayer, amigos y amigas, no solo obramos el milagro del rugby, sino que recaudamos cuanto pudimos en pro de otras personas que necesitan un apoyo para salir adelante. Ayer hicimos lo que un rugbista se compromete a hacer en la vida: dejar su rinconcito del mundo un poco más limpio y bonito de cómo lo encontró.


Feliz domingo, queridos amigos. Felices comidas familiares y felices encuentros. Feliz día de trabajo a quien le haya tocado laburar. Machaca, Krispies, José, Juan, Marmota, Javi, Valerio, Lalo, Cosme… todos. Qué grandes que sois, tíos. Gracias. Gracias por esta alegría. Gracias por el rugby.


1,2,3 ¡Fuenca!





viernes, 23 de mayo de 2025

Gens ovales : Fuencarral Rugby, l’avant-dernier vol du Phénix


À la fin des années 80 et au début des années 90, les équipes de rugby ressemblaient encore aux Village People : un policier, un ouvrier, un Indien, un cow-boy, un motard… Les corps étaient ceux de gens qui travaillaient. Il y en avait des grands, des gros, des petits, des maigres… de toutes sortes. Aller à la salle de sport n'était pas encore une mode. Le rugby restait fondamentalement amateur, et les rares heures que les joueurs pouvaient voler à leur travail et à leur famille, ils les consacraient à jouer et à s’amuser. C’était un rugby rude, parfois violent, mais anti-fitness par essence. Il y avait des poils, des favoris, des boutons, des ballons et toutes les imperfections que peut porter un corps masculin. Personne ne s’épilait la poitrine ni entre les sourcils — on le sait : plus l’homme est laid, plus il est beau, comme dit le proverbe.


Sur la pelouse régnaient les joueurs les plus élégants que le noble jeu ait connus. La France servait du champagne avec Blanco, Sella et compagnie. Les All Blacks jouaient encore ce rugby légendaire à l’envers, où les avants réalisaient des combinaisons, des feintes, des crochets dignes des trois-quarts, et inversement, les trois-quarts plaquaient et chargeaient comme le meilleur des packs. En Australie, régnait l’ailier le plus grandiose que le monde ait vu : David Campo Campese, et son inoubliable « pas de l’oie ». Cet homme peu élégant, qu’on aurait pu prendre pour un ferrailleur, jouait un rugby à la Juan Palomo : il le cuisinait, il le mangeait, il cassait les reins et faisait danser tous ceux qui croisaient sa route. Campo, c’était Campo, et personne ne met de portes au Campo.


Dans le monde hispanophone, l’Argentine était tueuse de géants, une bande d’indomptables couverts de boue et de sang, sauf leur numéro dix, Porta, le footballeur. Cet homme s’était trompé de sport. Il pensait le rugby avec les pieds comme un numéro 10 de football. Il posait le ballon où il voulait, et dropait depuis chez lui.


Et en Espagne, brillait un XV légendaire : Malo, Chupao, Bosco, Javichín, Azkargorta, Blanco, Massoni… C’était l’époque des demis de mêlée napoléoniens : petits et infernaux. Personne n’égalerait l’arrogance basque d’un Díaz Paternáin ni l’élégance nonchalante d’un Coco Torres Morote : ole, et encore ole.


Je me trouvais au troisième mi-temps des vétérans de Fuencarral, à parler de toutes ces choses de vieux rugbymen, à transpirer la haine éternelle du rugby moderne, et à demander à Paco, un Sévillan élégant (comme il se doit), qui servait derrière le bar, un whisky de combat, de ceux qu’on coupe avec du Coca. Je ne voulais pas goûter le bon, le vrai, le très bon, tant que je n’aurais pas vu un match avec au moins un essai à l’aile et un plaquage défensif qui sauve la patrie. Et je disais à Paco que Coco s’approchait de l’ovale comme un Andalou qui prend son temps, avec l’élégance d’un maître de bétail, avec la même pause et le même calme que lorsqu’on verse un fino de Jerez. Et il me dit : « Coco est un ami à moi. » Bordel, je lui réponds : « Tu as joué avec lui ? Dis-lui qu’il a des admirateurs en Castille-La Manche. »


Et voilà que Paco était le numéro 3 de ce pack, champion de Division d’Honneur avec le légendaire Ciencias. Il connaissait tous ces monstres : Ontiveros, Cecilia, les Torres Morote, Bosco… Et ensemble, nous avons évoqué ce match à Séville où ils ont balayé Gernika pour conquérir le titre. Paco est devenu un peu nostalgique en se revoyant à l’écran, sans cheveux gris, poussant en mêlée comme un taureau, depuis la première ligne, dans le rugby le plus joyeux qu’ait vu la peau de taureau (l’Espagne). Moi, j’étais si ému que j’avais besoin d’un autre White Label, mais c’était l’heure du dernier métro, et cette Cendrillon du rugby que je suis devait rentrer chez elle, le cœur gonflé d’avoir pu partager la pastèque avec de telles légendes. C’est ça, une troisième mi-temps à Fuencarral. De l’or pur. Rugby et amitié. Le meilleur de la vie.


Sur le terrain de Tres Olivos, jouent Paco, Valerio, Nahuel, Cyrile, Rapha, Iniesta, Krispy, Machaca… Et Fernando López entraîne l’équipe, un homme de Santander qui donne des ordres avec des jurons rioplatins : « así no, pelotudos ! » À Tres Olivos, on joue un rugby qui ne reviendra plus. Un rugby simple et joyeux, de pères de famille qui s’amusent ensemble, loin du stress de la compétition des jeunes. Les gars de Fuenca jouent tranquillement, car ils n’ont rien à prouver. Et leur coaching est inestimable : ils enseignent avec patience, valorisent le positif, rient du négatif. Et pour le troisième mi-temps, pas de pâtes fades : escalopes au cabrales, omelette maison, fromages fins, bons vins. Et en dessert : de l’eau de feu. Ça, c’est le rugby, messieurs. Sport de gentlemen et de dames aux manières raffinées.


Je dois encore vous dire que Fuenca a le meilleur siège social que j’ai jamais vu : un bar à l’allure de pub irlandais, rempli de souvenirs rugbystiques. Un vrai musée. Et si vous voulez vivre cette ambiance tout en soutenant une bonne cause (ITT Foundation, aide aux populations défavorisées en Espagne et en Gambie), venez au tournoi des vétérans du 24. Chaque bière et chaque tapa contribue à un monde plus humain.


Comme on dit : vive le rugby d’antan!

jueves, 22 de mayo de 2025

Discurso a los jóvenes: nostalgia por el showtime de Ramón Trecet.


De vosotros,

los jóvenes,

espero

no menos cosas grandes que las que realizaron

vuestros antepasados.

Os entrego

una herencia grandiosa:

sostenedla.

Amparad ese río

de sangre,

sujetad con segura

mano

el tronco de caballos

viejísimos,

pero aún poderosos,

que arrastran con pujanza

el fardo de los siglos

pasados.


Ángel González. Pedazo de poeta.


Queridas pasamelonas y queridos pasamelones: les invito a un ejercicio de nostalgia. 


Quiero hacer una sesión de recuerdo hasta el punto de invocar, mediante la nigromancia de la escritura, los sonidos, imágenes, sabores, olores y texturas de un tiempo en que el mundo era jóven y esta Españita nuestra vivía una mañana luminosa tras más de 40 años de negra noche.


Sé de sobra que a los más jóvenes se la va a repanpinflar, como casi todo se la pimpla, pero igualmente me la pimpla a mí, un pollavieja, un carcamal, un carromato que sigue escuchando a Rosendo Mercado y vota y votará siempre por John Caverna. 


A pasota y a kinki no me van a mí a ganar estos triunfitos de ahora, que se deprimen por un quítame de allá esos likes. 


Poco espera este humilde servidor de una generación que no sabe leer, que no escribe, que ha cambiado la camaradería del deporte en equipo por la autolisis del gimnasio, que desprecia a Bogart y admira a Maluma, que no sabe comer, no sabe follar y no fuma. 


Tampoco creo que nuestros padres, los de la era de Acuario, alegremente hippies de los que comían trippies esperaran gran cosa de nosotros, los harapientos (grunge) alumnos de Cobain y de Chris Cornell, expertos en hacernos el seppuku de una forma u otra, siempre dados a la autocompasión, convidados de piedra en este mundo cruel que está dado a la mierda. 


A ojos de nuestros padres éramos tontos de babas,  incapaces e impotentes y teníamos horchata en vez de sangre. Sentir congoja por los de ahora, debe ser el ciclo natural de las cosas. 

Ahora soy yo el viejuno cagón, el Abuelo Cebolleta, el Jeremías.


No obstante yo sé de sobra que entre las nuevas hornadas irritantes habrá inmensas minorías, esclarecidas vanguardias, alegres cofradías que tengan buenas orejas y oigan. 


Hablo, pues, para las mentes más brillantes de la siguiente generación, que estoy seguro que andan por ahí confundidas por la locura, hambrientas, histéricas y desnudas (*), que se arrastran de madrugada por las calles de los negros en busca del jazz y del rock y también del saber y del conocimiento.


Los jóvenes de hoy en día viven acostumbrados a eso que decía el Makinavaja: que uno le da a un botón y sale el precio del perico en Londres y el del basuco en Caracas. Se equivoca uno tanteando una web de servicio técnico, y sale un señor de Bangladesh hablando inglés de Pataliputra. Ofreciendo su ayuda inestimable. Qué pesado.


Antaño una conexión televisiva intercontinental tenía rango de mensaje a la nación. Y ahora los viejos del lugar me van a entender. 


Una retransmisión deportiva lejana en los ochenta, recuerden los de mi edad provecta, se anunciaba con boato diplomático y hasta tenía himno. 


Remember, my friends: minutos antes, mediante subtítulos corridos se anunciaba una ‘conexión internacional con los enviados especiales de tve’ en… qué sé yo, Los Ángeles 84 o Seúl 88; se pedían disculpas por las posibles dificultades de imagen y sonido derivadas de la complejidad técnica del asunto y a veces sonaba el himno de Eurovisión, inconfundible, ‘chan chan chachachán chan chaaan chan…’ ¿Recuerdan a Trecet con sus onomatopeyas? ¡Din don!


Los pequeños teníamos que peinarnos y lavarnos los dientes por si en ese justo instante nos hacían la foto del Meteosat. 


Yo me cuadraba ante la bandera azúl de 12 estrellas y me sentía europeo, que era el espíritu de los tiempos. Queríamos ser Europa. 


Queríamos ser homologados como ciudadanos ilustrados, libres e iguales como esos guiris guapetes que tanto gustaban a nuestras hermanas, adictas a la SuperPop y al Ramazzotti. Queríamos ser cosmopolillas nómadas, como Franco Battiato. Si los italianos, tan parecidos en todo, podían codearse com los anglos y hasta venderles discos, ¿por qué no nosotros, coño? ¿Por qué no exportar las sevillanas, el jamón, la gaseosa…?


Terminaba el himno de Eurovisión y la retransmisión se oía completamente gangosa. 


Eso, chavales, lo hemos perdido. El sonido de los deportes hoy en día superpone el plano de los comentaristas y modula el ruido escénico. 


Antes no. Antes los locutores debían pelearse con todo un estadio para hacerse oir. Recuerden: ‘¡Señoras y señores! Buenas tardes desde el Parque de los Príncipes de París!’ ; se oía a Matías Prats hijo sobre los sones de la Marsellesa, haciendo la entradilla glamurosa para dar paso al muermo, al Plomo de Los Cerralbos, al menosmola de José Ángel de La Casa. Ruido, nieve y caspa informacional. 


Aquel oir al público de París como si fuera un turba rabiosa a punto de asaltar la Bastilla ponía los pelos de punta. Solo oyendo el ruido ambiente ya se sabía que poco iban a poder hacer los Arconada, Gordillo, Carrasco, Manu Sarabia. Ellos tenían la Marsellesa y nosotros a José Ángel de La Casa. Podíamos darnos por jodidos.


Matías, hijo de Matías, de los Matías Prats de Villa del Río, el hijo del Grande, el Embajador; José Ángel, el Muermo de los Cerralbos, el toledano impasible, el insoportable, el cuarto Tenor; Olga Viza, Pedro Barthe, María Escarnio (sic.)... No eran solo periodistas. 


Eran embajadores de España, y comparados a estos margaritos que narran hoy, que no distinguen un destornillador de un Bloody Mary, que son incapaces de pronunciar un apellido francés como Camberabero, que desconocen las convenciones internacionales de transcripción y pronunciación, que confunden ser cosmopolita con irse de despedida de soltero a Bali, que no han leído siquiera la etiqueta del champú del Lidl, que cuando cagan no léen ni fuman, qué no se sabe qué recórcholis han hecho en la facultad, aparte de jugar al mus y chuzarse como piojos; que diríase que sacaron el título en la Tómbola Ecijana, ¡ay Señor! Para esos Chércoles y Lobatos, para esas Carboneros y esos Maldinis, no pido la pena de muerte porque soy liberal (que diría el Manquiña), pero vamos… Prisión permanente revisable sí. Por guarrear ‘el conceto. ¡Ay amigo!, a los hechos me repito.’


Y entre todos estos dioses y diosas del micrófono, de entre todos estos caballeros de la narración y damas enviadas especiales destacaba el Rey Ramón. Ramón, mi Ramón Trecet que estaba cerca de las estrellas. Dotado de ese arrastre de consonantes que se ha perdido por completo en la narración en castellano, capaz de dar matiz con la garganta y con la nariz y ser un humorista serio, al modo inimitable de un Eugenio, saben aquel que diu? Payaso Augusto, maestro de la retranca, genio, genio, genio, genio.


Cómo añoro tu forna de pronunciar Kiki Vandeweghe, Vinnie Lambeer, Michael Lynagh, David Campese… Cómo usabas el ruidito y la onomatopeya, ¡catacróc!, ¡din don! Cómo nos descubriste los secretos del tercer tiempo: que si los All Blacks se encerraban en una habitación para cantar canciones para ellos solos y luego salían encabezados por el que cogía la guitarra hacia el banquete del tercer tiempo como si en vez de el XV del Helecho fueran la tuna compostelana; que si los escoceses se trajeaban para el banquete y no comenzaban a comer hasta acabar entre todos una botella de whisky que presidía siempre la mesa. 


Uno podía sentirse dentro del banquete del tercer tiempo (**). Uno podía oler la colonia de hombre que gastaban estos tipos tras la ducha del partido. 

Ramón: si puedes oirme desde este blog, escúchame: no nos dejes. Te necesitamos, neng, te necesitamos. Para seguir ilustrándonos, por dios, por caridad, por el poder de Greyskull, Ramón. Porque tú sabes de sobra como el Maki, como Adorno, como yo, que en este mundo, podrido y sin ética, lo único que nos queda a los auténticos es la estética. Fin de la cita.


NOTA BENE:

Bien está la nostalgia por el ruido y la nieve pero he de reconocer que lo maravilloso de nuestro tiempo es que uno puede admirar a Michael Jackson y hacerle llegar su encomio en persona. Corrijo: a Michael Jackson no, pero a Keith Richards sí porque es tan inmortal como el Fénix de Fuencarral. Me haría una ilusión de niño vestido de marinerito si, a base de compartir el artículo, esto llega hasta Ramón. Un abrazo, querido locutor, maestro.


OTRA: 

Para quienes echen de menos algo más de rugby en este artículo, aquí va el España-Nueva Zelanda Maorí del 88 en Chapina. La mejor España y el mejor Ramón. El día en que Shelford se peleó con Bosco Abascal y Malo y Shelford acabaron siendo amigos, y Malo acabó yendo a jugar a las Antípodas.


(*) Del inmortal Allen Ginsberg. Aullido. Si no queréis ser como yo, mozos y mozas, leed.


(**) Banquete del tercer tiempo es exactamente como Ramón lo decía, con el dardo en la palabra para definir la solemnidad de aquellos terceros tiempos de una gira, a los que se acudía de traje y corbata, aunque las camisas acabaran por fuera y las corbatas por la espalda tensadas por el talona simulando que daba un paseo perruno al tercera izquierdo.


lunes, 19 de mayo de 2025

Abriendo melones: elogio del rugby amateur. El rugby de toda la vida.

Estimadas señoras, estimados señores: servidor nació más bien torpe y descoordinado por naturaleza. La inteligencia espacial, lateralidad y capacidad de representación de objetos en el espacio que tiene uno es más bien limitadita, dándose la circunstancia, poco habitual de haber sido un niño que, atesorando excelentes notas en casi todas las asignaturas, tenía que amargarse el verano y comerse la bronca por no haber aprobado, adivinen… plástica y visual. 


Aquello de hacer una palmatoria de barro para el día del padre o un muñequito de fieltro sobre una estructura de rollos de papel higiénico para el día de la madre siempre me pareció algo así como un castigo inmerecido. 


¿Para qué cojones querría mi padre un cenicero-palmatoria y por qué diantres tenía mi madre que dedicarse a frotar a mano el desastre de manchas que dejaba en mi ropa tan futil actividad? Y ¿por qué molestarse en hacer estas gilipolleces que acaban en el contenedor de lo no reciclable o formando parte de un barato en un rastrillo de caridad? 


Yo no tenía ni idea de amasar barro, ni ganas. En cambio, tenía un diario que había comenzado a escribir por consejo de mi Abuela, que iba ya por el volumen LXVIII del suyo, así que en vez de hacer un cenicero-palmatoria, era capaz de escribir toda una disertación filosófica sobre la insoportable levedad de hacer artesanías para el día del padre. 


Queda meridianamente claro, pues, que lo mío no era el arte, ni ser tornero de precisión ni pintor ni chapista. Tampoco ningún deporte que necesitara de una gran coordinación, como el patinaje artístico o el tenis. Lo mío era escribir y jugar al rugby. 


Y no es que el rugby no exija una prolija sabiduría del cuerpo. Yo llamo al ruck el ballet de huesos. Equivócate de hombro para placar y verás la risa. Pon el cuello en sentido equivocado en la melé, y las consecuencias pueden ser terribles. Aprovecho desde aquí para tener un gesto de ánimo y de apoyo hacia aquellos que han sufrido terribles lesiones por un error de cálculo o por la estupidez congénita de algún que otro eunuco mental que confunde nuestro deporte, que es un deporte de abrazos, con una excusa para desfogar su odio y su psicoptía.


Me acordé de todo esto en mi último entrenamiento donde, tras muchos gestos técnicos mal interpretados por mi parte, y tras tener que recibir consejos de los más expertos, que tratan con jobiana paciencia de pulir mi forna corajuda pero un poco absurda de entender el juego de ataque, recibí una congratulación del entrenador.


¿Por qué me felicitó? Por hacer el mal. ¿Y cuál es el mal que hice? Hacer caso omiso de la coreografía que planteaban mis compas.


Cayó la pelota entre mis manos y vi la puerta entornada. No abierta. Entornada.


Entornada quiere decir: dos defensas, de los cuáles uno deja hueco y el otro va en tu trayectoria pero de refilón. Una evaluación rápida del impacto daba como resultado que esa puerta podía abrirse por el módico precio de media hostia. No una, sino media. Así que para romper la defensa, solo era cuestión de aprovechar el despiste del defensor izquierdo y ocupar el medio cuerpo que dejaba el derecho sin darle tiempo a armar el hombro correcto. Así que TPL (to p’alante) y a hacer la del Duende Tortuga. A la mierda el plan de ataque.


Mis compañeros me regañaron por esta manía que tengo de estropearlo todo, pero el Míster vino en mi ayuda. ‘Ven? Rugby de toda la vida. A cabezazos. Bien. De qué trataba el ejercicio? De romper la defensa. Si ves el hueco, lo atacas. Punto’. 


Me encanta la forma modular y evolutiva en que ve Fernando López el arte de entrenar rugby. Aprendemos juego moderno y elaborado, pero si el rival deshace la estrategia, o si el azar lo propicia, volvemos al ABC del rugby de toda la vida: atacar al hueco, fijar y pasar o comerse la hostia.


Toda la vida es eso. ‘Tenía planes para todo y al final hice lo que pude con la gente que estaba cerca y me dio su apoyo’. El rugby no para de enseñarnos cosas, y Fernando tampoco.


¿Y por qué les cuento esta milonga? Porque el noble juego peligra. La profesionalización ha ayudado,sin duda, a promocionar globalmente el rugby, y ha resuelto la ridícula situación a la que dio lugar la exigencia de amateurismo durante décadas y décadas. 


Acuérdense de Michael Robinson, nuestro entrañable Robin, que jugaba rugby y fútbol. En vez de un tuercebotas corajudo, podría haber sido un ocho de leyenda, pero tenía que ganarse la vida, y por eso escogió el fútbol. 


Esta bien que la gente cobre un dinero por hacer un trabajo. Parece un cosa muy obvia, pero a finales de los ochenta, las rancias estructuras federativas aún eran refractarias a tan perogrullescas verdades. Ahora tenemos un problema en sentido contrario.


Diríase que la Federación solo trabaja en pro del profesionalismo. Diríase que solo recoge frutos allí donde abundan, y tiene un poco olvidada la promoción del deporte oval en regiones como la mía, que son tierra de misiones, y, a clubes de los más humildes, que apenas se tienen en pie, les exige requisitos que en nada se adaptan a las dificultades que tienen los menos pudientes para pagar campos, fichas, seguros y desplazamientos.


EMHO(*): el rugby profesional debería ser una fiesta de artistas que nace de la vitalidad del rugby de toda la vida: el de amigos. 


Tener un mundial con profesionales está muy bien, pero es un rugby de mentirijillas. 


Verán: los actores y actrices porno son verdaderos atletas que se toman el trabajo en serio y dominan la técnica, dando vida a un espectáculo de audiencia global, que está bien para quien le guste, pero ¿cambiarían ustedes el amor por el porno? Antes de que más de uno me responda que sí, que ya me lo huelo, les recordaré que psicólogos y educadores nos insisten en que hablemos con los jóvenes y les enseñemos a no confundir porno con sexo normal. 


Pues con el rugby pasa lo mismo. El verdadero rugby es el que nace de la comunidad y de los valores del deporte, y no ese combate de cachalotes, y eso es lo que deberíamos enseñar a nuestra alegre juventud. El deporte como celebración de la vida y no la celebración de un espectáculo practicado por unos pocos que consagran su vida al deporte.


Personalmente abomino de la efímera fama (ahora la llaman viralidad) alcanzada por la anatomía sugerente de algunos guapísimos miembros del equipo de sevens. Y me parto de risa cuando celebramos la clasificación al mundial olvidando que ha hecho falta que el número de selecciones se amplíe para que nuestro rugby vuelva a esta cita, y olvidando que nos hemos perdido los dos últimos por no saber hacer las cosas bien y darnos a la chapuza y al tente mientras cobro. 


Para esa clase de lector paciente que aguanta mis estúpidos recuerdos acerca de la mula que me pateó la infancia y mis obscenas comparaciones entre el rugby y el amor, me queda decir que Fuencarral Rugby celebra este sábado 24 de mayo un torneo de veteranos, con el concurso de varios buenos equipos. 


Animo al aficionado experto y al bisoño a pasarse por el Campo de Tres Olivos para ayudarnos a obrar el milagro de siempre: el de un deporte de truhanes practicado por caballeros, con un público igual de chispeante que de educado, con toda la mística y el ritual, con las arengas de los capitanes, con los pasillos de aplausos, con los abrazos entre contrarios, con las disculpas educadas tras los inevitables golpes, con la hermandad y con el cristiano propósito de amar al enemigo en el tercer tiempo, con la buena comida y el buen bebercio, con ese público que está invitado a confundirse con los artífices del espectáculo y con el propósito de ayudar con nuestro empuje solidario a salir adelante a comunidades muy desfavorecidas. Damas y caballeros, esto es rugby, y lo demás son pelis de gladiadores.


(*) En mi humilde opinión.

Arlequines comienza su temporada 2025-26 con una derrota por la mínima

  Todos en unión, locales y visitantes. Un deporte de amistad y de valores. El nuestro. Viva el rugby. Llegó septiembre y vuelve el rugby a ...